sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo 3


La ciudad de Almeda acababa de levantarse.
El sol iluminaba los cristales de los edificios haciéndolos brillar. Los pájaros cantaban y la gente iba de un lado a otro a los mercados de alrededores.
Pero no todo era tan bonito como se pintaba.
Esa mañana estaba tranquila, por supuesto, pero las consecuencias del día anterior aun estaban presentes.
La Horda de los traidores había vuelto a hacer de las suyas. Había bancos derruidos, árboles calcinados,los cubos de basura tirados por todas partes. Coches con los parabrisas rotos y lo mas importante, La Horda había vuelto a llevarse a seres de la ciudad.
Esta vez ni mayores, ni jóvenes. Ahora se habían llevado a niños. Niños que habían nacido en Alameda, niños que aun no entendían lo que eran.
Joe y Vera habían sido uno de los afectados. Se habían llevado a  su pequeña hija Ruth de tan solo seis años.
Vera estaba como loca por encontrarla, mientras Joe la intentaba calmar. Sabia que volverían a ver a su hija, pero no de la forma que ellos querrían.
La horda convertía a todos aquellos que se llevaban en seres malignos en contra de Ian y de Héctor, siempre ocurría con los mas jóvenes, pero los mayores ya habían vivido muchos años y no daban su brazo a torcer, a ellos lo único que la Horda les regalaba era la muerte.
Joe había reunido a todos los seres de Alameda, tanto ángeles como demonios. Quería ponerlos en orden de todo lo que había sucedido y querían abrir una búsqueda y captura para la Horda.
Zoé y Jacob también habían perdido a su hijo Owen y estuvieron de acuerdo con los demonios en la búsqueda de la Horda.
Sabían que no iba a ser fácil el dar con ellos, pero no pararían hasta poner a salvo a sus hijos y a todo ser que se hubiesen llevado.
Ese mismo día, por la tarde una luz cegadora inundo el cielo. Los seres de Alameda estaban preparados en los alrededores para atacar mientras de esta luz bajaban un grupo de seis.
Eran ángeles eso estaba claro por las alas blancas y brillantes de cada uno, pero ¿estarían con Héctor o en su contra?
Cuando pisaron suelo las alas desaparecieron y dio lugar a seis seres. Eran tres hombres y tres mujeres que caminaban con los brazos extendidos hacia los demás en son de paz.
-¡Alto!-grito a lo lejos Joe-si dais un paso mas atacaremos.


-No venimos a luchar Adamistas-grito uno de los ángeles-hemos venido a ayudaros.
El ángel que hablo por ultimo se adelanto un poco mas hacia Joe, mientras este sostenía una espada de fuego llameante.
-Soy Adan-dijo el ángel que había bajado del cielo-venimos en nombre de Héctor. Hemos oído que la Horda aumenta y queremos pararla.
-¿Cómo sabemos que es verdad lo que decís?-pregunto Vera.
Adan le sonrió. Se echo mano al cuello y de debajo de su tunica saco un colgante en forma de alas en el que había una piedra de color azul.
-¡Es el colgante!-grito Renné, una antigua ángel de Héctor.
Joe bajo la espada y todos le siguieron mientras los demás ángeles se iban acercando a ellos.
-Mis amigos-dijo Adan-Haiydeé, Isaac, Edith, Thomas y Leila.
-Yo soy Joe-dijo el demonio-esta es mi mujer Vera.
Adan saludo a los dos demonios y luego miro a Renné.
-Renné-dijo esta.
-Si… aun te recuerdo amiga mía-y a los demás… os hemos echado de menos.
-Entremos en el templo-dijo Leo señalando un gran edificio de cristales negros-allí estaremos a salvo y podremos hablar tranquilamente.
El templo era un lugar sagrado, solo los Adamistas  podían entrar aunque los que tuviesen el colgante de Héctor o la piedra de Ian podían entrar con permiso de los seres de Alameda.
Héctor e Ian habían fabricado unos colgantes que se les daría a los habitantes de Alameda para no confundirlos con los traidores al igual que cada ángel o demonio llevaría uno algo diferente.
El templo era enorme y estaba lleno de cuadros y de mesas con sus bancos.
Joe, vera, Leo, Renné se sentaron en una mesa  al principio del templo. Junto a ellos se unieron Adan y Edith.
-La ciudad esta echa un desastre-comento Edith.
-Eso es porque no la has visto antes-dijo Renné-aun estaba peor.
-¿Qué ha pasado?- pregunto Adan
-La Horda vino esta madrugada-respondió Vera-lo destrozo todo y…
-Se llevaron a nuestros hijos-termino la frase Joe al ver que Vera había comenzado a llorar.
-¿Para que querrán a unos niños?-pregunto furiosa Edith-tan pequeños no les sirven de nada.
-Sea como sea hay que pararlos-dijo Leo.
Adan no respondió ni dijo nada. Estaba pensativo.¿Por qué la Horda necesitaba a niños pequeños?
Los niños a esa edad aun no habían desarollado los poderes, ahora mismo eran unos simples niños al igual que los humanos. Después de unos minutos en silencio, habló.
-Debemos avisar a los demonios-dijo.
-¿Para que?-pregunto Bruno desde la mesa de al lado-lo único que hacen es destrozar.
-Ellos junto con nosotros podemos destruir para siempre a la horda-respondió Adan.
-Creo que con todos los que somos tenemos suficiente-comento de nuevo Bruno-somos veintitrés, la horda tendrá su merecido.
-No los conoces bien-dijo Edith con su dulce voz-son mucho mas fuertes que cualquier ángel o demonio, Adan tiene razón.
Bruno se sentó de nuevo en su sitio. La voz de Edith era relajante y tranquilizaba a cualquier ser que se encontrase nervioso o asustado.
Edith era la mas hermosa de los ángeles. Tenía el pelo rubio y ojos celestes. Su piel era blanca como la porcelana. Tenéa mejillas sonrosadas y unos labios rosas y dulces. Caminaba con gracilidad como si fuese una bailarina y el olor que desprendía hacia que todas las personas que pasasen por su lado sintieran una paz completa en su interior.
Adan sabia como debía llamar a los demonios así que se separo del resto para invocar la llamada.
Se saco el colgante y lo hizo brillar hasta que una espesa luz blanca le rodeo y pudo hablar con el señor de los demonios.
-¿En que puedo ayudaros, Adan?-pregunto la voz de Ian.
-Queremos que mandes un grupo de tus hijos-respondió este-necesitamos ayuda ya Ian.
-No temáis mis hijos van de camino-dijo y la luz blanca desapareció por completo.
Un alivio embargo a Adan pero el grupo de demonios llegarían casi al anochecer.
No dependían de tanto tiempo, debían de estar preparados por lo que fuese a pasar, no podían estar esperando sin hacer nada hasta que los demonios se dignaran en aparecer.
Adan volvió al templo y se subió en el altar para que todo el mundo le viese y le oyese. 
-He hablado con Ian-comenzó a decir-ha mandado a un grupo de sus hijos en nuestra ayuda, pero como ya sabéis, el viaje del infierno a Alameda no es tan corto como desde el cielo.
<<Llegaran al anochecer, tal vez mucho mas tarde>>,finalizó Adan.
-¿Y que vamos a hacer, en el tiempo que sobra?-pregunto Joe.
-Nos prepararemos-respondió Adan-no podemos estar esperando sin hacer nada a que los demonios vengan.
-¿Por qué no esperarlos?-preguntó Vera algo asustada.
-Por que si nos quedamos sin hacer nada-respondió Adan-y llegan la Horda, nos pillarán con las manos vacías, estaríamos a su merced.
-Adan tiene razón-dijo Bruno que por una vez estaba de acuerdo con el ángel-sacaremos nuestras mejores armas y estaremos listos para patearles el culo a esos traidores.

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